Las baldosas Cotto se elaboran con barro apisonado de la región, cuyo carácter norteño les otorga un tono único: un naranja cálido con delicadas vetas rojizas, más suave y claro que el ladrillo.
El barro se amasa cuidadosamente y, mediante moldes, se transforma a mano en cada baldosa. Estas se dejan secar al sol y luego se cuecen en hornos a cielo abierto durante 24 horas.
Finalmente, al enfriarse, revelan su acabado natural y auténtico: una pieza artesanal con la huella del tiempo y de la tierra que la vio nacer.